Esta semana se cumplen 12 años de la muerte del ídolo argentino Roberto Sánchez más conocido como Sandro.

Esta semana se cumplen 12 años de la muerte del ídolo argentino Roberto Sánchez más conocido como Sandro.

La noche del 16 de mayo de 2004 pisa las tablas del escenario del teatro Gran Rex sin saber que esa sería la última vez que viera su público. Aquel fue el último show de Sandro de América.

El 20 de noviembre de 2009, Roberto Sánchez recibió un trasplante cardiopulmonar en el hospital Italiano y dio una dura batalla durante 45 días en la terapia. Una infección generalizada en su organismo fue la causa del deceso; y el mito -que ya era tal, independientemente de su fallecimiento- incluyó a Mendoza como un escenario trascendental.

“No quiero que me lloren cuando me vaya a la eternidad, quiero que me recuerden como a la misma felicidad”. Fueron las palabras de Sandro a sus fans y así se lo recuerda. Aunque el 4 de enero de 2010 a las 20:40, cuando «se fue a la eternidad» en el Hospital Italiano de Mendoza; se lo lloró en todo América. Y mucho.

No sólo los medios de todo el país -y también extranjeros, como algunos de Chile- se mudaron con guardias permanentes a la puerta e inmediaciones del Hospital Italiano durante el mes y medio que Sandro estuvo internado en el lugar. También lo hicieron fanáticos, de aquellos más fervorosos y de los que no lo eran tanto.

“Fue realmente una locura. Venía gente de todos lados, a cualquier hora. Los camiones de los medios, pero gente que también bajaba a sacar una foto a la puerta y seguía de largo. Allí habían puesto un poste con fotos, velas y estampitas”, recordó por su parte Javier Enrique Mercado, quien desde hace más de 15 años cuida autos en el predio ubicado exactamente frente al hospital. Y durante esos días estuvo desbordado de trabajo y movimiento.

Roberto Sánchez nació en la maternidad Sardá, el 19 de agosto de 1945. Hay quienes afirman que al nacer el bebé no lloró ni se quejó. No lanzó un chillido. El bebé cantó y no iba a parar de hacerlo hasta el suspiro final: “Yo no nací. A mí me trajo una bandada de gorriones y me depositaron en el vientre de mi madre” solía decir el cantante.

De alguna manera todos conocimos a Sandro en distintos momentos de su carrera. Sin embargo, toda la prensa y los fanáticos coinciden en que es un fenómeno único e irrepetible.

Sandro editó 46 álbumes originales, y más de doscientos si se consideran los simples, las recopilaciones y las versiones por fonética que grabó en italiano, portugués e inglés. Vendió más de 22 millones de placas, ganó once discos de oro, decenas de platino, un Grammy a la excelencia musical y el Gardel de Oro, entre tantas distinciones que le otorgaron en todos los rincones del continente.

Aún hoy mantiene récords imbatibles, como los cuarenta recitales del Teatro Gran Rex (temporada 98-99). El 14 de agosto de 2006 recibió el premio Mención de Honor, Senador Domingo Faustino Sarmiento y el 5 de octubre presentó «Secretamente palabras de amor (para escuchar en penumbras)» en la Biblioteca Nacional.

Mercedes Sosa le entregó el disco de platino y cantó con él «Como la cigarra», en una interpretación que anticipó la despedida de dos artistas inigualables. Esa fue la última vez que Sandro se presentó en público.

Sandro no murió ni va a morir porque hizo todo lo que había que hacer, y más, para que la leyenda se mantenga viva y trascienda su muerte.